Tuesday, December 12, 2017

adidas

Adidas es la compañía de productos deportivos más importante de Europa, y la segunda a nivel mundial después de Nike. Fue fundada por Adolf Dassler en 1924 y uno de sus primeros deportistas emblemáticos fue el legendario Jesse Owens, quien ganó cuatro medallas de oro en los JJOO de Berlín en 1936. Luego de una amarga disputa con su hermano Rudolf, éste se separó y abrió su propia compañía en 1948 (Puma). Adidas es una firma asociada a la FIFA y entre sus éxitos deportivos están los de haber vestido a seis selecciones que han levantado la Copa del Mundo, más que ninguna otra firma deportiva.


Escultura de Adolf Dassle en el Estadio Adi Dassler en Herzogenaurach.


Ubaldo Fillol, gran portero argentino, usó el número 5 en Argentina '78.


Mario Kempes, "El Matador", fue el goleador y mejor jugador del mundial argentino.


El popular Zizou realizó un gran mundial en canchas francesas, anotando dos goles en la goleada a la Canarinha en la final de 1998.


Xavi Hernández fue el pilar sobre el cual Aragonés movió a la Roja en 2010 en Sudáfrica.


Andrés Iniesta anotó el gol más importante en la historia del fútbol español, el tanto que significó el primer título español a nivel mundial.


El Kaiser inventó la posición de líbero, desde el cual organizaba el juego de su equipo. Fue el primero en ser campeón como jugador y como entrenador.


Un killer en el área. Con 14 goles en dos mundiales, fue durante mucho tiempo el máximo goleador de los mundiales.


El máximo goleador en la historia de los mundiales. Alemania nunca perdió un partido cuando marcó Klose. 


En la final de 1974 adidas vestía tanto a Alemania como a Holanda, pero hubo un conflicto entre Cruyff y la KNVB (La federación holandesa) debido a que él tenía contrato con Puma; debido a esto, la camiseta del 14 tenía solamente dos líneas, a diferencia de las tres tradicionales de Adidas.

La vida es como una partitura.

Creo que estaba en primero de secundaria cuando le comuniqué a mis papis que quería aprender a tocar el piano.

Al principio mi papá sugirió que mejor fuese la guitarra, pero eso de abrazarse al instrumento y rasgar no es mi estilo.

Yo prefiero deslizar mis manos suavemente o con fuerza sobre el teclado.

El piano, visualmente me enamoró. Sus teclas blancas y negras, agrupadas armónicamente de 7 en 7 me parecieron siempre algo estéticamente balanceado.

Recuerdo que luego de pequeños tira y jala, mis papis, como siempre aceptaron mi pedido. Empecé mis lecciones de piano en el Instituto Nacional de Cultura.

La única sala de estudio para ese instrumento era minúscula para tanto chico. Las clases se daban de tarde. La habitación era casi un cuadrado. El piano apoyado en una de las paredes. Una mesa larga en el centro y sillas a todo el contorno.

Nos sentábamos por orden de llegada y cual cola en el banco, íbamos avanzando una posición a la vez hasta llegar al piano.

Un sistema que en mi forma de ver las cosas, era la manera de probarnos en la paciencia. Sólo aquellos que amábamos la música y el piano tanto como para esperar HORAS por un turno de 20 minutos, continuábamos año tras año.

El tiempo de espera no se desperdiciaba, repasábamos las partituras, con voz muy bajita uno le enseñaba al otro. La imaginación era fértil. Poníamos las manos sobre la mesa e imaginábamos que era el teclado y seguíamos la partitura, llevando el compás y ritmo en la mente.

Los compañeros observaban y corregían las posiciones de los dedos o si una nota se tocaba mal. Ahora que lo pienso, debíamos ser un cuadro ALUCINANTE. ¿Cómo dos cerebros se conectan al punto de IMAGINAR lo mismo, OIR lo mismo y PERCIBIR la misma cadencia?  Trabajo para los psicólogos y neurólogos.

Mi profesor era un ángel. Robusto, corte de cabello a lo militar y una paciencia de SANTO. Hora tras hora enseñando a todos los chamacos y adolescentes que aporreábamos al pobre piano. Su delicadeza era tal que al tocarnos para corregir postura, se sentía una calidez única.

Tenía una batuta con la que nos daba pequeños golpecitos en los dedos cuando errábamos la nota o usábamos el dedo equivocado para tocar la tecla. También nos daba un ligero empujoncito con la batuta en el codo para indicar que se nos estaban colgando los brazos y solía decir “DERECHA” para volver a sentarnos correctamente y evitar dolores posteriores.

De él aprendí sobre perseverancia, paciencia y amor por lo que se hace.
Mis momentos favoritos eran cuando tocábamos a cuatro manos o él me mostraba cómo debería sonar la pieza que yo estaba estudiando. Un deleite para el alma.

La música es matemática. Desde el principio lo tuve claro. Todo está organizado con precisión y exactitud. En música no hay error. La nota es la nota. Es exacta, como las mates.
Si te equivocas en tocar un tono, ya no suena la melodía que quieres. Por lo tanto debes ser preciso, exacto en duración e intensidad también. Eso me educó en la exactitud. En saber decir y hacer las cosas con exactitud. No es fácil aplicarlo al día a día. Aún sigo haciendo el estudio de mi vida en ese aspecto.

Volviendo al piano, había pasado ya un tiempo y yo era capaz de tocar melodías completas, a veces cortas y a veces largas, de varías páginas (a la partitura me refiero). Un buen día descubrí algo ALUCINANTE.

Me percaté que cuando ya había estudiado una pieza lo suficiente y la conocía literalmente de memoria, mis dedos conocían tan bien dónde colocarse que ya no tenía que leer la partitura. Es más, lo raro era que yo me hacía consciente de estar tocando solo al inicio y al final de la melodía. El resto del tiempo estaba en otro mundo, flotando, soñando, disfrutando de mi propia interpretación, sintiendo y vibrando como en el limbo. Al final de cada melodía era una especie de aterrizaje. En buenos términos, podría decir que “yo estaba en pleno viaje” con cada tema. Algunos viajes eran mejores que otros.

Luego de esa observación hice mis propias investigaciones. Siempre lo mismo. Esa experiencia de plenitud se repetía siempre. Me sentía en la gloria.

Luego le siguió otro aprendizaje. Me di cuenta que ni bien empezaba a tocar, mi cerebro procesaba números. Las notas en la escala equiparaban a los números pares e impares. Estos últimos eran mis favoritos. No sé por qué. Nunca lo sabré, pero los números impares me hacían sentir bien.
1, 3, 5, 7.  Do, mi, sol, si.  Una pieza musical se podía escribir con números.

En realidad una partitura es un lenguaje numérico en mi forma de ver la música. Todo está presentado para seguir una secuencia. Hasta es como la geometría si lo miramos bien. El pentagrama con sus líneas y espacios, los pequeños cuadrantes que se van formando, los quebrados usados para indicar el compás, la alineación de las figuras musicales, etc. TODO ES MATEMÁTICA.

La música y la matemática son el lenguaje universal. Una partitura o una función matemática pueden ser leídas por igual en español, inglés, francés, chino o cualquier idioma del mundo. Es el lenguaje del universo.

Pero vamos al piano, tiendo a desvariar – sorry. Mi gusto por el piano era tal que pronto estaba yo en mi casa, sobre la mesa del comedor, alucinando mi propio teclado.

Mi mami se sintió tan conmovida por mi actitud que convenció a mi papi que tenían que comprarme un piano.

Bueno, no uno de verdad. Era uno eléctrico, pero tenía un mueble y un pedal. Aquí entre nos, mi sueño siempre fue tener un piano blanco de cola.
Mi papito invirtió un dinero ahorrado o era un pago por sus años de servicio, no lo recuerdo bien, pero sí sé que no era poco y que mi familia no era de hacer gastos innecesarios. Fue uno de los mejores regalos de mi vida y me sentí muy feliz de poder darle uso en casa.

Mi papi se sentaba en su escritorio a leer y me escuchaba mientras yo practicaba durante horas, antes de un concierto.

Desde allí me guiaba: “vas muy rápido, respeta el compás, nadie te persigue”; “más emoción, suave”; “ya pues vejez, estás tocando o estás aporreando al piano”. Cuando guardaba silencio al yo tocar la última nota, entonces, solo entonces lo sabía. Lo había logrado. La pieza estaba aprendida.

Las horas cuando uno toca, no se sienten, se disfrutan.  A veces me despertaba de mi trance y ya era de noche.

Mis años de secundaria los disfruté al máximo. Colegio durante el día, travesuras y rebeldía del máximo nivel. Desmadres con el grupo scout los fines de semana. Clases extras de todo lo que se me ocurría pedir, libros y salidas a patinar con los amigos todo el tiempo, El club de marinera, la casa y sus quehaceres y mi piano. Mi día empezaba a las 4 am para poder seguir ese ritmo.

El piano me ayudó a llevar mi adolescencia con equilibrio y aprendí lo que nadie puede enseñarte, solo la música: la vida es una partitura. Si la ejecutas bien, sonará como los dioses.

He interpretado diferentes melodías, clásicas y modernas. Pero ésta en particular me gustaba mucho. Se la dedico a mi profesor Silvestre. Así se apellidaba ese hombre que me ayudó a encontrar mi camino con el piano y en la vida.

The Godfather soundtrack.



Tuesday, December 5, 2017

José González Ganoza, "Caíco".

Catorce temporadas en el club de sus amores. Muy discutido durante sus primeros años en la selección peruana. Alguna vez, producto de la presión tiró al suelo su camiseta luego de un partido amistoso. Fue sancionado incialmente de por vida. Las críticas eran feroces con él. Posteriormente le llegó el perdón en un momento importante de su carrera. Llegó a ser un gran arquero. Gran tipo siempre fue, humilde, fiel reflejo de su generación. 30 años sin ti. Hoy sonríes, y muchos contigo campeón.




Sunday, December 3, 2017

Esta tristeza significa que te recuerdo.

Bastan dos segundos para reconocer la melodía. Y lo sé porque los he contado.
Dos segundos en que tu nombre viene a mi mente y los recuerdos se amontonan apresuradamente. Primero sonrío y luego inevitablemente mis ojos se humedecen.

1979. Tendrías 10 y yo 8. Recuerdo el día que te vi bailar por primera vez. Te desplazabas tan natural y realmente sentías lo que hacías. La música y tú eran uno.
En ese momento supe que quería bailar contigo y no paré hasta conseguirlo. Nuestra presentación debut fue en una ceremonia para alguien importante. Había mucha gente “chic” ese día. Y entonces nos tocó a nosotros. Ya habíamos ensayado bastante y sabía que la sensación de seguridad que tú me dabas, lo haría sencillo. Y como que. La cara de tu mamá y la mía lo decía todo. Nos aplaudieron tanto y nos besuquearon tanto que era obvio que les gustó.

¿Sabes?, me encantaba bailar junto a ti. Y es que no era solo el baile. Éramos amigos. Fuiste mi primer mejor amigo. El hermano mayor que no tenía.
Disfrutaba a montones los juegos en casa, en la calle, las fiestas con los demás chicos del club y esa canción.

Esa canción es nuestra. No puedo evitar sentirme triste. La escucho y recuerdo tus ojos. Parecían tener siempre sueño, hasta que tu sonrisa lo iluminaba todo.
Me hacías reír mucho, tu mente era lúcida y me sorprendía lo fácil que era hacer amistad contigo. Los adultos te adoraban, te comunicabas con tanta dicción para tu edad. Y ese aire de superioridad me intrigaba.

Comías con tantas ganas que hasta el hambre me contagiabas. Eso ya es decir lo mucho que me impactabas. Estaba más que maravillada con tu destreza para usar el tenedor y cuchillo. En serio, eras impresionante.

Cada fiesta era genial contigo, no teníamos que bailar juntos, eso era para lo otro, para los ensayos y las presentaciones. Todos lo sabían, pero tú y yo parecíamos estar pegados.

Contigo aprendí lo bonito que es tener un amigo con el que puedes viajar, dormir en la misma habitación, pasar todos los días juntos y no cansarte de su compañía.
Cuando llegaba la noche mi mamá se preocupaba por cómo llegarían tú y tu hermano menor a casa. La repuesta era siempre la misma, “no se preocupe señora, estamos acostumbrados”. Luego se despedían y se sentaban en el parque, frente a mi casa a llamarme a gritos. Tú decías “Dia” y tu hermano terminaba con “na”. Estaban locos. Nunca te pregunté por qué lo hacían.

En el colegio te buscaba con la mirada en los recreos. Apenas si hablábamos. Nuestra amistad no tenía que aguantar los chismes del colegio. Ya disfrutábamos bastante el tiempo fuera de ella.

Fuiste el primer varón que respetó mi decisión cuando le dí un “no” por respuesta. Siempre te admiré por eso. Aunque alguna vez me arrepentí de no haberte dado ese beso que pedías, sé que no hubiéramos sido algo más.

Me dolió todo lo que se dijo de ti. Me entristecía saber que nos íbamos perdiendo y que no había algo que pudiera hacer.
Perdóname por no haberme acercado, por no haberte preguntado, por mi cobardía y mi miedo.
Debí buscarte. Tal vez nada sería diferente, pero al menos no tendría esta tristeza amarga de saber que pude hacer más y no lo hice.

Te perdí.

Los años pasaron y solo sabía de ti por tu mamá y por algunos otros. Sé que habían tiempos buenos y otros . . . La pinche vida golpea fuerte.

El día que recibí la noticia de tu muerte, me dejó un dolor profundo. Llamé a mis papás y les conté. Mi mamá estaba tan triste.
Fui a tu velorio y escuché a mucha gente hablar de ti, de quien eras, de sus recuerdos juntos. Yo no hablé nada. El dolor era muy grande. No pude.

No llegué a tu entierro. No quise.

En la misa del mes después que te fuiste, había tanta gente en la iglesia que no se podía respirar. Jamás he visto tanta gente junta recordando a alguien que ya no está.
Luego fuimos a la que fue tu última casa. Eran tres pisos llenos de gente que iba y venía. Tus bandas favoritas se escuchaban. Eso lo compartíamos también. Rock, del bueno.

Agradezco esta tristeza que siento cada vez que suena esa canción. Me dice que te recuerdo. A mí, que he olvidado tanto y que se me borraron tantas cosas de la memoria.

Doy gracias que aunque sea a través de la tristeza te puedo recordar. Mereces que te recuerde.
Los próximos meses voy a estar triste cada vez que escuche la melodía. La ponen a cada rato. Vamos a Rusia 2018 y se les ha dado por ponerse nostálgicos con esa en particular.

He decidido darle la cara a esta tristeza. Te voy a tener presente.

Creo que no te parecería raro saber que con cierta frecuencia pienso en la muerte. No es un tema que a la gente le agrade así que no hay muchos con los que se pueda hablar de ella. Seguro contigo lo podría hacer y no te espantarías.
Me pregunto si ese día que me toque a mí, estarás del otro lado. 

Te vas a reír. Tengo una lista, si ya sé que siempre hago listas.
Esta es una que está conformada por seres que ya no están y que espero encontrar del otro lado ese día.


Tú estás entre los primeros. Realmente espero que estés allí Kike. Me gustaría mucho volver a verte.

Te dejo nuestra canción en inglés. Estoy segura que como a mí, te gusta más que la otra.