Mi mami dice que
yo siempre llenaba la casa con chicos y la verdad es que, si algo disfruto
en la vida, es hacer amigos.
Para mí, cada
ser humano que puedo conocer, es como entrar en un mundo nuevo y único. Una experiencia maravillosa. Incluso a manera de broma suelo decir que de cuando en
cuando salgo de cacería. Confieso que algunos de los amigos que tengo, los hice
porque les eché el lente e intencionalmente los fui cercando hasta hacerlos
míos. Sé que suena rarito pero es real y no es que considere a mis amigos como
presas, sino todo lo contrario. Su existencia me intrigaba y no pude evitar ir
en pos de su amistad. No me arrepiento, la vida es mejor con ellos.
Este es un post para los Friends porque tengo mucho que agradecerles. Cada
instante y vivencia conmigo ha sido el mejor regalo. Lo más valioso que alguien puede compartir es su
tiempo. Te está dando algo que jamás volverá a tener, por lo tanto, es
valiosísimo. No hay que desperdiciarlo.
Así que, pondré a los amiguis en grupos, me parece que van así:
LOS QUE YA
OLVIDÉ CUÁNDO CONOCÍ.
Esos amigos que
están en casi todas mis memorias. Creo que tengo poquitísimos en este grupo. Contados
con los dedos de una mano. Y es que, la vida da muchas vueltas y pues nos pone
en caminos diferentes. Pero aquellos con los que sigo, son espectaculares
por la paciencia y la constancia. Asumo que estas personitas podrían con
certeza decir quién y cómo soy.
LOS QUE LLEGARON
EN LA JUVENTUD.
Se dice que los amigos que haces después del cole son los que duran para siempre. Puede que se refieran a que cuando los
encontramos, hemos ya construido nuestros propias reglas, estamos en la etapa
final de hacernos totalmente independientes y estamos siguiendo nuestros sueños. Estos son mis compañeros y compinches, con quien me lancé por primera vez en un trabajo, un compromiso a largo
plazo, con los que inicié mi familia y los que estuvieron cuando
tuve a mis hijos.
De estos amigos,
tengo el gusto de conservar los justos y necesarios. Es un tesoro seguir
compartiendo los veintes, los treintas y los cuarentas. Espero que sigamos con
los otros “sin-cuentas” y así sucesivamente.
LOS QUE EMPECÉ DETESTANDO.
Eso de “si hay
algo que no te gusta en otra persona es porque estás viendo lo que no te gusta
de ti mismo” es cierto.
Esto lo descubrí
después de unos meses de interacción fallida con un compañero de trabajo al que
literalmente no soportaba. Me costaba hasta compartir el mismo espacio. Me
sentía tan incómoda por no entender qué era lo que no funcionaba con alguien
que se suponía debía hacer equipo para lograr los objetivos. Intenté varias estrategias,
pero todo parecía indicar que sus manías y forma de ser me estresaba. Llegó mi
último intento, decidí hacer una lista de todo lo que no me gustaba de él y luego
la puse en mí. Me acepté a mí reflejada en él. Por loco que parezca, funcionó.
Creo que me esforcé tanto por esta amistad en particular, que la valoro mucho.
Y desde
entonces, hay un grupo de amigos que fue creciendo porque me di el tiempo de
tomar a mis queridos detestaditos e ir descubriéndome en ellos. Estos amigos
los atesoro. Me costaron, los disfruto mucho. A veces me sacan de quicio
todavía, pero ya sé que en realidad me dan para trabajar sobre mí misma.
LOS QUE LLEGARON
COMO EL PAQUETE COMBO.
Conocer a los amigos de mi pareja, de mis hijos, de mis hermanos, de mis padres es siempre un regalo con creces. Primero
porque a través de esos amigos puedo conocer y aprender más de mis seres queridos. Segundo, cada amigo que me presentan es una oportunidad
para una nueva relación en sí misma.
En este grupo hay de todas las edades y siempre me reciben con los brazos
abiertos. No porque yo sea especial, sino porque es una deferencia debido al
cariño y respeto que sienten por mis seres amados. Es una relación muy peculiar
que poco a poco crece hasta que nos conocemos y llegamos a ser amigos.
LOS QUE
ENCONTRÉ SIN HABERLOS BUSCADO.
Esas personas
que de pronto me hicieron sentir que hubo química, esa sensación de conocernos desde siempre
y que estar con ellos fue desde el principio, natural y lógico. Ni me cuestioné ni me pregunté. Fue algo fluido, así de simple y mágico.
Pienso que este
grupo empezó a construirse desde que tengo espacios de trabajo y por los
pasatiempos en los que me meto.
Son personas de
todo tipo y cada uno tiene un algo que conquista. Compartimos rarezas y detalles a
partir de los que todo crece.
A medida que visualizo a cada amigo me vienen a la mente estas preguntitas:
Si pudiera hacer
una lista de todos los amigos que he tenido, los que tengo, los que he perdido y vuelto a encontrar, los que ya me adelantaron en la muerte, ¿Qué tan
larga sería? ¿Cuánto de lo
que soy, es de mis amigos?
Gracias a todos y
cada uno de ustedes. Reconozco que no he sabido cuidar de muchos, lo siento.
Están en mi corazón. Los recuerdo y guardo con cariño lo vivido.
Si me leen,
vamos por un cafecito y nos ponemos al día.
