En los últimos cinco años incluído 2019, curiosamente tanto Liverpool como Juventus han llegado a la final de la UEFA Champions League. Ambos clubes, entre los más importantes en sus respectivos países, disputaron en 1985 la final de la Copa de Europa, como antiguamente era conocido este afamado y glamoroso torneo deportivo. Aquél día se dio un peligroso coctel que desencadenó en la muerte de 39 hinchas: Una pobre logística policial, un viejo estadio construído entre 1929 y 1930 elegido como la final del campeonato y un pobre sistema de venta de entradas más un deplorable control en el acceso de los hinchas al estadio, que devino en un escenario desbordado en su capacidad.
Simone Stenti, un periodista televisivo acudió aquél fatídico día al estadio con su padre. Stenti, entonces un muchacho de 20, cuenta que al ingresar al espectáculo no les pidieron mostrar sus boletos y posteriormente vio sorprendido cómo hinchas ingleses ingresaban con cajas de cervezas Duvel y Chimay. Muchos de los seguidores de Liverpool, interesados más en el fútbol que en atacar a los rivales, estaban preocupados por el exceso de aficionados en el recinto, algunos de los cuales ingresaron sin boletos o a través de huecos en las paredes de las viejas estructuras.
Cuando empezaron los disturbios su padre le dijo que debían abandonar el estadio a lo que inicalmente se negó Stenti. Por eso, añade: "Le debo la vida a mi padre; sus manos estaban ensangrentadas y lo llevé a la Cruz Roja. Es entonces que vimos a los primeros muertos".
El personal médico en un estadio con 58,000 hinchas consistía de un médico y 150 voluntarios de la Cruz Roja. La final se llevó a cabo pese a los serios incidentes que ya estaban ocurriendo una hora antes del pitazo inical y pese a que los futbolistas no querían jugar, pero recibieron presiones de parte de la policía belga quienes argumentaron que si se suspendía el partido la situación escalaría a peor.
Previo a la final, Peter Robinson, secretario de Liverpool, escribió a la UEFA y a la federación belga advirtiéndoles del peligro que presentaba la sede del partido final.
Patrick Radcliffe (38 años de edad) fue el único británico entre las víctimas mortales. Trabajaba en los archivos de la Comunidad Económica Europea. No le gustaba el fútbol pero fue acompañando a Dennis, un amigo holandés. Tarcisio Venturín (23) era un trabajador en una compañía de ascensores; asistía por primera vez a un juego de Juventus fuera de Italia. Giovanni Casula (44) llevó a su hijo Andrea (11) a Heysel con la ilusión de ver campeón a su equipo. Giancarlo Gonelli (46), guardián en la escuela Niccolini en Ponsacco acudió con su hija Carla, severamente lesionada, pero finalmente salvada por John Welsh, hincha de Liverpool. Franco Martelli (22), el Estadio Municipal de Todi fue nombrado en honor a él.
Estas son algunos de los 39 hinchas caídos en desgracia. 32 italianos, cuatro belgas, dos franceses y un norirlandés. 39 nombres, 39 historias.


