¿Te dolió? Preguntó con su vocecita cantarina.
Me sorprendió la pregunta. Tardé unos segundos en
darme cuenta que, mientras yo terminaba de secarlo, él estaba observando mi
cuerpo.
Llevaba puesta solo mi ropa interior, por lo que él
había notado las marcas a ambos lados de mi vientre.
-
¿Te arañó el gato? Volvió a interrogar.
Esta vez pasó sus deditos sobre las marcas y luego de
un silencio, concluyó que no era posible que fueran producto de alguna lucha
con el felino.
¿Qué crees que son? Le pregunté.
Siempre he usado la técnica del pin-pon cuando
necesito tiempo para responder. De este modo puedo conocer qué es lo que mi
interlocutor maneja del tema y me da tiempo para organizar mis ideas.
-
Parece que aquí se te arrugó la barriga. Ma.
Me hizo gracia. Efectivamente, a primera vista es como
si a ambos lados de mi vientre, mi piel se hubiera arrugado en líneas
verticales.
Se llaman estrías,
empecé a explicar.
Hice una pequeña reseña de cómo, justo faltando una
semana para que él naciera, una mañana pasé los dedos por los costados de mi
barriga y noté las hendiduras.
Y es que mi vientre de 39 semanas de embarazo había
crecido tanto que era un enorme balón. La picazón que sentía cuando mi piel,
literalmente ya no daba más en su afán de estirarse era ¡I N S O P O R T A B L
E!
Ni los consejos de mi mamá, tías, abuelas, amigas,
vecinas o de mi médico diciendo “NO TE RASQUES O TE SALDRÁN ESTRIAS”, pudieron
evitar que lo hiciera.
¡Qué placer!
¡Qué alivio!
-
Ah, es como cuando tú me decías que no me rasque la
varicela. ¿ya ves que no se puede aguantar la picazón?
Sebas me regresó a la realidad mientras yo embobada
disfrutaba del recuerdo. Mi pequeño, con sus 5 años, hacía uso del conocimiento
previo y me demostraba que había entendido a la perfección.
¡Exactamente! Así se siente. Repliqué.
-
Entonces estas “estrías” no te hicieron llorar. Porque
a mi si me dolió cuando me resbalé del árbol y me quedó esto en la frente.
¿Ves? ¿Aquí?
Estampé un beso en su marca. Mi niño travieso y
arriesgado, me acababa de enseñar que en la vida no todas las cicatrices están
relacionadas con el dolor o un evento fallido.
Caí en cuenta que tengo marcas producto de albergar a
mis hijos en el vientre. Meses bellos de espera e ilusión.
Ese tiempo me transformó y enseñó a amar aun antes de
ver con mis ojos al ser amado. Una lección que agradezco, pues me permite
aproximarme a los demás para conectar con su esencia y su alma sin quedarme
solo en lo físico.
Ser mamá me ha dejado cicatrices en el cuerpo, la
mente y el alma. Mis estrías las llevo con orgullo. Me gustan. Me recuerdan
quien soy y a quienes ayudé a llegar a este mundo.
¿Y tú? ¿Qué cicatrices tienes?
foto tomada de lamenteemeravigliosa.it





