Saturday, May 19, 2018

Trece memorias, segunda parte.

Recorrer los eventos de la niñez es un acto divertido y a la vez sanador. Hay pasajes de la vida que requieren una y otra revisión para llegar a su total comprensión.
Curiosamente, no es hasta que volvemos a contemplar lo vivido que caemos en cuenta de más detalles y nuevos aprendizajes afloran.
Aquí las restantes mini historias que completan las 13 ofrecidas.

8.       Las rampas son para carros, no para gente.
Lección: Piensa dos veces antes de caminar.

En el colegio se preparaba el desayuno cada mañana y el profesor nos pidió que lleváramos vasos o tazas para servirlo. No recuerdo exactamente cómo ni por qué terminamos caminando a la casa de una amiga a recoger los vasos.
Ella vivía en una casita de interés social muy parecida a la mía y la casa de al lado tenía una rampa de cemento pulido que daba acceso a una cochera.
Tomé dos pilas de vasos, una en cada mano y salimos. De pronto puse el pie sobre la rampa y recuerdo que se sintió como una resbaladera muy pulida. Zass!
Vi los vasos en el aire y luego el golpe seco.
Si alguno de ustedes se ha caído de poto, comprenderá mi dolor. Ni siquiera me salió el grito. Solo me quedé tendida en la rampa mientras mis amigas corrían a levantarme y yo entre señas les decía que no me toquen.
Mi espalda estaba hecha leña. Poco a poco pude girar y decirles que no me levanten y me dejen tirada. “no me recojan, no me recojan” repetía tomando aire.
Ellas y yo eventualmente empezamos a reír. Supongo que era un cuadro cómico. Una niña desparramada en el piso pidiendo que no la levanten y muchos vasos desperdigados. Por suerte eran de plástico.
Estuvimos sentadas en la vereda un buen rato hasta que sentí que ya podía caminar. Ellas me contaban una y otra vez como volé y caí cual zapallo azotando el piso.
Desde ese día JAMÁS pongo un pie en las rampas. Siempre lo pienso dos veces y prefiero rodearlas.

9.       Una sola chupada.
Lección: Pon atención a las indicaciones y respeta los acuerdos.
Vivía en la ciudad de Caraz y estudiaba en el jardín de infancia. Una tarde mis papás fueron a recogerme y conversaban con la profesora. Mientras tanto una amiga mía se acercó con un caramelo de paleta de esos coloridos y que parecen sacados de película psicodélica.
Le pedí que me invitara y me lo entregó. Yo, como toda niña golosa, salí encantada con mi paleta y nos fuimos a jugar.
Al rato, estaba yo con mis papás cuando llegó mi amiga muy molesta y me reclamó por su paleta. Mi cara de asombro y signo de interrogación debió darle indicios que ya no había más paleta. Me la comí toda. Después de todo ella me la dio.
Su enojo era tan grande que empezó a llorar y murmurar y entre las cosas que decía la frase “yo le invité una sola chupada” se repetía una y otra vez.
Mi papi la consoló y ofreció comprarle otra paleta.
En casa me sentaron y pidieron explicar el evento. Me dejaron en claro dos cosas: jamás se invitan chupadas porque te puedes contagiar de cosas muy raras y luego te enfermas y PON ATENCIÓN A LAS INDICACIONES Y ACUERDOS.
Si el trato era una chupada, pues debí cumplir con él.

10.     Las gitanas roba mamás.
Lección: No creas todo lo que oyes.
Fue en la misma ciudad Caraz, que un buen día la comidilla en el jardín de infancia era que habían llegado los gitanos. Las niñas decían que eran mujeres muy malas que se robaban a las mamás y nunca más las volvías a ver. Ya imaginan mi mente que siempre estuvo con los dos pies en mundo fantasía y nunca en la tierra. Visualicé a mi mamá secuestrada y yo llorando desconsoladamente. Regresé a casa mirando por todo lado a ver si las gitanas andaban por allí. Me abracé de mi mamá y le pedí que no salga a la calle porque las gitanas roba mamás se la iban a llevar. Le causó gracia y me explicó varias cosas sobre los gitanos. Incluso tuve la oportunidad de verlos en sus carromatos.
Debo confesar que su manera de vivir me impresionó. Esa naturaleza errante me pareció y me sigue pareciendo maravillosa. Hoy por hoy son una raza que me cautiva.
He aprendido que uno debe creer la mitad de la mitad de lo que se dice de otros y que hay que buscar otras fuentes de información para tener un mejor panorama de lo que se está hablando.

11.     Los perros no son gatos.
Lección: Ser responsable con otra vida
Todas mis memorias están acompañadas de mascotas y animales en casa. Los gatos, como todos los que me conocen, saben que son mis favoritos.
No recuerdo etapas de la vida familiar sin ellos. Es más, siempre hemos tenido más de uno.
Hemos disfrutado de dinastías completas. Las Tomasas, los Tito y los Japanese, esto último porque mi hermano descubrió el ánime y manga y desde entonces los nombres de personajes se multiplicaron en todos los felinos.
Cuando eres chico, tus aprendizajes se basan en observar y aplicar, errar y corregir. Ese método tan sencillo me sirvió mucho a mí, pero creo que a mi pequeña Zuleika, no le hacía gracia.
Luego de haber sido mordida por mi propio perro, mi relación con esta especie quedó muy dañada. Temblaba cada vez que veía uno en la calle. No quería que se me acerquen y mis niveles de ansiedad se elevaban cuando escuchaba ladridos.
Mi mamita tan observadora se dio cuenta y me consiguió una perrita negra chusquita, pero que lucía como una salchicha. Le puse Zuleika en honor a un personaje de las mil y una noches, libro de turno.
Lo chistoso con ella es que yo la trataba y esperaba que se comportara como un gato. Cuando la cargaba ella me lamía y movía la cola, eso me incomodaba pues yo estaba acostumbrada a ronroneos y enroscadas en mi regazo.
La pobre se dio algunos porrazos porque yo no recordaba que era perro y la dejaba caer desde mis brazos esperando a que, como todo buen gato, cayera de pie, amortiguada y siguiera caminando. Ya imaginarán a mi pobre salchichón. Solo después del “plop” recordaba que ella no era gato y le frotaba el cuerpo y me disculpaba.
También recuerdo que mi hermana y yo corríamos libremente por el patio, saltando y brincando. Con los gatos no había problema. Ellos eran nuestra sombra y trepaban con nosotras a todo lado, literalmente. La pobre Zuleika tenía que ser remolcada, jalada, empujada y demás. Su cuerpo cilíndrico no era para nada elegante y moldeable como el de los gatos que pasan por cualquier espacio. Poco a poco se hizo parte del clan y también desfiló con ropas de muñeca igual que los gatos, subió y bajó en canasta o bolsa, aprendió a caer lo mejor posible que sus pequeñas patas le permitían y ambas nos acomodamos. Incluso ganamos una competencia en el colegio con algunos pequeños comportamientos que había aprendido. Lo bonito es que ella me ayudó a superar mi miedo y sanar psicológicamente. También me confirmó que si bien disfruto de los canes, mi corazón y mi espíritu son cat lovers.

12.    Quiero mi propio camión.
Lección: Lo que no es mío se respeta.
Vivía en una casita muy acogedora durante mis primeros años. Recuerdo que tenía escaleras y un patio.
Los amigos de mis papis venían a visitarnos y el hijo de ellos era mi amigo.
Un día llegó con un camión. Era grande, tanto que podíamos subir en él. Yo estaba encantada. Jugamos turnándonos para subir y empujarnos hasta que inevitablemente la visita se acabó y mi amigo se regresaba con su camión.
Las siguientes visitas no fueron muy amistosas. Mis ganas de jugar con el camión eran tantas que yo acaparaba el juguete y prácticamente impedía a su dueño jugar con él. Obviamente las peleas comenzaron y recuerdo que llegamos hasta los empujones.
Tal vez sean mis primeras memorias de una emoción negativa, mezcla de ira, decepción y tristeza. Yo no tenía un juguete así, por lo tanto lo quería todo para mí cuando llegaba a casa.
Frente a la situación, los adultos nos guiaban para jugar en armonía y compartir, pero la mejor lección me la dio mi mamá cuando me dijo  “Si no te lo quiere prestar, tu respetas su decisión. Punto”
A los niños no les gusta escuchar cosas así, por el contrario, lo quieren todo y generó tal frustración en mí que decidí castigar a mi mamá y no hablarle. Supongo que me duró poco el berrinche. Mi mami no era mujer que aguante niñas princesita.
Poco a poco entendí que hay que aceptar que no todo nos será dado.
Un buen día mi papá llegó a casa con un camión para mi solita. Era rojo y amarillo. La tolva se levantaba y las llantas eran negritas. Que emoción! Papá dijo que ya había aprendido la lección y merecía mi juguete. Lo disfruté muchísimo, cargando piedras, jalándolo por el patio y haciendo carreras con mi amigo y su camión.

13.     Hay cosas que no se preguntan.
Lección: Jamás dejes de buscar respuestas.
Pienso que ser una niña preguntona y cargosa fue un efecto colateral de leer tanto. Había muchas cosas que quería saber y mis ansias de aprender eran tales que me convertí en una preguntona compulsiva.
El único detalle es que poco a poco mis preguntas se fueron haciendo más complejas y estaban por lo general en relación con el libro de turno.
Para cuando tuve 7 años las preguntas sobre Dios, su origen, la trinidad, la extraña historia de que era hijo de Dios pero no de José, el bien y el mal, la creación del mundo, el espíritu santo, la realidad y la fantasía, etc., rondaban mi cabeza y salían por mi boca.
Mi mamita respondía o me guiaba en mis cuestionamientos. Libro tras libro iban llegando para buscar mis respuestas. Las enciclopedias me fascinaban. Parecían contenerlo todo.
Sin embargo mis preguntas teológicas no tenían respuesta, o en todo caso, las que me iban dando no me satisfacían.
Así ocurrió que empecé anticipadamente mi preparación en la catequesis con la intención de encontrar mis respuestas. Pasé por diferentes parroquias.
A los 7 me tocó la primera comunión y a los 8 la confirmación. Sí. El obispo lo autorizó. Sacerdote tras sacerdote trataban de explicarme los misterios de Dios.
Leí toda la biblia. No exagero. Toda. Por cierto el apocalipsis me encantó. Y los libros narrativos del antiguo testamento. La historia de Job y sus pruebas me sacaron de casillas. Era como una secuencia de mala suerte.
A esa edad, hay cosas que no se pueden comprender por falta de experiencia de vida. Eso lo he aprendido después pero los adultos que me acompañaban no pudieron explicármelo.
Un buen día iba yo con una pregunta fastidiando al sacerdote de turno y su respuesta me cambió el concepto que tenía de los adultos. Él dijo “Hay cosas que no se preguntan, solo se aceptan; hay que tener temor de Dios”.
Algo se murió en mí ese día, creo que la esperanza de encontrar mis respuestas en las personas, o en algunas de ellas, o la conciencia de que algunos adultos no tendrían todas las respuestas; no lo sé. Estuve considerando la situación un tiempo, finalmente seguí preguntando. No me di por vencida. Allí iba yo de nuevo, buscando, fastidiando. Eventualmente, encontré mis respuestas o los hilos que me guiarían a ellas. Creo que lo peor que se puede hacer con un niño curioso es matar su espíritu para aprender, mandándolo al desvío. Estoy convencida que si aquella persona me hubiese dicho, “no tengo la respuesta, busquémosla juntos” habría hecho la diferencia. Agradezco sin embargo que me empujara a seguir siendo rebelde y preguntona, persistente y muy, muy curiosa.

Tuesday, May 8, 2018

Tragedias en el fútbol: Tributos y un gran olvido.



El 15 de abril último marcó el 29°aniversario de uno de los episodios más traumáticos del fútbol en Europa, la tragedia de Hillsborough, en donde murieron 96 hinchas de Liverpool el día de la semifinal frente a Nottingham Forest por la Copa FA. Inicialmente la policía en una maniobra para zafarse de responsabilidades culpó a los hinchas de los acontecimientos, pero luego de muchos años, en 2012 se determinó que la responsable por negligencia fue la misma policía.
Todos los años la ciudad y el Liverpool FC llevan a cabo una serie de eventos para rendir tributo a la memoria de las 96 victimas, la más joven de las cuales fue el niño Jon-Paul Gilhooley de 10 años, primo de Steven Gerrard, mítico capitán de los Reds. Además de él, hubo otros 40 muchachos de 20 años o menos que murieron aquél fatídico día. La victima de mayor edad fue Gerard Baron de 67.

Minutos de silencio, minutos de aplausos, banderas a media asta, 96 campanadas por cada una de las víctimas y pancartas con sus nombres se pueden observar en esta fecha.


Tributo a las vìctimas en la Premier League.

En este mes de mayo se recuerda otras tres tragedias en los estadios de fútbol.

El 29 de mayo de 1985, el día de la final de la Copa de Europa -la actual Champions League- entre Juventus y Liverpool, 39 hinchas, la mayoría de ellos italianos, murieron aplastados contra las vallas en las tribunas por incidentes provocados en la zona Z del estadio por hinchas ingleses. El más joven de todos fue un niño de 11 años, Andrea Casula, mientras que la persona de mayor edad fue Barbara in Margiotta Lusci de 58. Además de 34 italianos hinchas de Juventus, hubo dos belgas, dos franceses y un británico. Todos los años El comité "Per non dimenticare Heysel" (Para no olvidar Heysel) lleva a cabo ceremonias en esta fecha con la participación de familiares de las víctimas, representantes de Juventus e hinchas de otros clubes como Milan, Internationale, Torino y Reggiana. En 2005 una estatua fue develada en el nuevo Estadio de Heysel para conmemorar la tragedia, la cual incluye luces que representan a cada una las 39 personas que perdieron la vida.


Homenaje de los tifosis de la Juventus a los 39 fallecidos en Heysel.

Unas semanas antes, el 15 de mayo, en Bradford (Inglaterra) fallecieron 56 personas debiedo al incendio en la tribuna principal del estadio Valley Parade durante el partido entre Bradford City y el Lincoln City por la tercera división del fútbol inglés. El viejo estadio cerró ese día sus puertas de acceso, y minutos antes del segundo tiempo se originó el incendio debido a alguna colilla de cigarrillo y la basura acumulada bajo la tribuna a lo largo de los años. Como consecuencia de esto, las autoridades británicas empezaron a trabajar en una nueva legislación para estos asuntos. En los aledaños del estadio se instaló una escultura donada por la ciudad alemana de Hamm, hermana con Bradford. Finalmente en el inicio de la temporada 2001-2002 se inauguró una placa con los nombres de los fallecidos. Entre los fallecidos, los más jóvenes son cuatro niños de 11, cada uno acompañado de familiares: Christopher Bulmer, Andrew Fletcher, Rupert Greenwood y Adrian Wright. El mayor de todos, Samuel Firth de 86.


Placa con los nombres de las vìctimas de la tragedia de Valley Parade

El 24 de mayo de 1964 ocurrió en nuestro viejo conocido, el Estadio Nacional, la mayor tragedia en la historia del fútbol a nivel mundial. Fue en el partido entre Perú y Argentina por la clasificación a los JJOO de Tokyo. Todos saben que hubo más de 300 muertos. Un gol anulado, el negro Bomba, los perros, las bombas lacrimógenas, las puertas cerradas y quiénes fueron los responsables. Todos esos datos los sabemos. Lo que ignoramos son los nombres de los fallecidos ese día. Lo que ignoramos es por qué cada 24 de mayo no hay un homenaje o recuerdo a esos muertos.


Estadio Nacional de Lima luego de la remodelación.