Ir en Combi instruye.
Whaaaat???
Que sí.
Viajar
en combi me ha dejado lecciones para la vida. Puede que otros piensen diferente,
pero es mi opinión luego de años usando el servicio en mi querido Huaraz.
Una combi es
ese vehículo que en otros lugares le dicen minivan. Tiene puertas corredizas a
ambos lados y en promedio 12 asientos, contando los dos de adelante.
En Perú, la
mala fama de este medio de transporte le ha llevado a ser bautizada como
“asesina” y es que la cantidad de accidentes en los que las combis han sido
responsables, es estratosférica.
Yo solía
tomar combi cuando vivía en la sierra. Para ir al trabajo, al mercado, al
colegio de mis hijos y a visitar el Callejón de Huaylas.
En todos esos
viajes me detenía a observar y aprender. He visto que las personas que viajan
en combi se sienten todas como hermanadas por su realidad. Es frecuente verlas
gastarse bromas con el cobrador o el chofer. Sube alguien con muchos bultos y
niños y todos se arriman, o como dice el ayudante “apéguense” y no falta
alguien que añade “en el camino se arregla la carga” para que entre risas,
reclamos y murmullos todos nos volvemos a acomodar y listo. Donde entran 12, entran
30.
Recuerdo
haber escuchado más de una vez algo que me parece una manera sarcástica y
divertida de pinchar el globo de algún pasajero o usuaria que se alucina
pudiente y expresa su descontento porque sigue subiendo gente y ya no queda
espacio ni para un alfiler. Ante el reclamo airado, el chofer levanta la voz y
dice
“ya,
ya no se diga más …
Oe, haz pasar al segundo
piso pe”
Es una manera
rápida y cruel de decirle a los pasajeros que se ubiquen, que este sistema es
así. Se gana de la cantidad. Cuantos más entren, más dinero se lleva a casa.
Además, más te quejas, más nos demoramos y por lo tanto todos pierden.
También sirve
para recordarnos que si nuestra situación económica fuera diferente, estaríamos
en un taxi o manejando nuestro propio auto. Por lo tanto, a mal tiempo, buena
cara. “dónde entran 12 pueden entrar 30”
En la combi
he escuchado recetas de comida, de medicina tradicional así como de pócimas
raras para sacar maleficios y limpias.
También he
recibido consejos de economía, religión y gestión del hogar.
Ni que decir
de ponerme al día sobre política o las últimas noticias de la farándula.
Si me pongo a
pensar, la combi era antes lo que ahora el Facebook. Si no tenías tiempo de
chequear los medios de comunicación oficiales, pues en el viaje al trabajo te
resumían lo ocurrido en el barrio, el distrito, la ciudad, el país, el planeta
y en la telenovela de moda.
Pero lo que
más he aprendido viajando en combi es que somos un pueblo que pese a todo busca
siempre hacer las cosas sonriendo. Tenemos un sentido del humor extraño, pero nos
ayuda a sobrellevar el peso. Gente que no tiene reparos en contarte en 20
minutos la aventura de su vida o compartirte algún aprendizaje que a ellos les
tomó años, es algo para detenerse a meditar.
Dicen que
somos una cultura conformista y corrupta. No voy a decir lo contrario, pero si
diré que somos capaces de ayudar a otro a cargar a sus niños, estamos dispuestos
a ceder un espacio para que los demás se acomoden, a reír en medio de las
carencias, a cantar estrepitosamente cuando a veces tenemos mucho porque llorar.
Si podemos hacer que dónde entran 12 terminen entrando 30 y así llegar todos a
destino, entonces, quizás podemos hacer más.
Puede que lo
único que necesitemos, es creer más en nosotros mismos y menos en lo que otros
dicen de nosotros.
Foto tomada
de la página de ancashnoticias.com
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