Thursday, January 11, 2018

¿Somos ordenados?


Viajar nos da una perspectiva diferente de la organización de los humanos. A mí, lo que más me gusta de los nuevos lugares es conocer cómo viven las personas.

Es cierto que los museos, la parte histórica de una ciudad y los mercados de pulgas son, y en ese orden, también mi pasión. Sin embargo,  mi deleite está en caminar por los barrios, ver la vida del día a día. Comunicarme, en lo posible, con las personas de pequeños pueblos. Eso es lo más enriquecedor.

En todos mis años, lo que he descubierto es que los humanos nos organizamos de maneras diferentes y esa forma peculiar, la transmitimos a las siguientes generaciones, convirtiéndose en parte de nuestra cultura.

Por esa razón, es que cuando viajamos, lo que nos impacta primero es el “orden o desorden” que encontramos, para lo cual usamos nuestro estándar cultural y comparamos. Así, llegamos a conclusiones como “Europa es más ordenada y limpia”, Japón es “muy ordenado y puntual”, etc.

La verdad es que todos los países, culturas y grupos humanos tenemos orden y caos. La gente se organiza para poder convivir, técnicamente “en armonía”. Al parecer unos lo logran más rápido y de maneras más creativas que otros.

Aquí es cuando vienen mis sorpresas al ir conociendo cómo vive la gente en Japón y específicamente en este pueblo llamado Nakai en la prefectura de Kanagawa, Japón.

En Lima, tenemos serias peleas porque los vecinos del edificio donde vivo “tienden su ropa por la ventana o en el pasadizo”. Dicen que “se ve mal”.
Cuando camino por las calles de Nakai o cualquier otro pueblo en esta área, lo más normal es ver la ropa tendida hacia la calle. Es más, existen unos sujetadores gigantes como ganchos de ropa en tamaño familiar, para colgar los edredones o “futones” como se les llama aquí. Y se colocan en las barandas de los balcones.
Además de ser muy peculiar, otorga al paisaje un colorido adicional. Cada vez que lo veo pienso en mi mami, quien siempre se queja de lo exagerados que somos en Lima con ese tema de “se ve feo”.

A todas luces, es más que obvio que la gente usa ropa aquí y en la China. Todos tenemos que lavarla, secarla y plancharla (bueno, ese paso siempre lo obvio y luzco como un acordeón). Y, punto a favor del cuidado del ambiente, que mejor que usar el aire natural para secar en lugar de energía en las máquinas.
Sé que parece un tema irrelevante para discutir en un texto, después de haber viajado tan lejos. Pero es una forma de ejemplificar cómo las personas nos organizamos y vivimos conforme a nuestras reglas sociales.

Otro aspecto que me gusta mucho aquí es la manera de caminar para no congestionar las salidas y entradas de las tan abarrotadas estaciones del tren.
La señalética es fascinante. Todo está indicado en Japonés, Romaji, Inglés y Koreano. También yo me sorprendí por lo último. Es indicador de la cantidad de koreanos asentados en este país y de estar pensando en las necesidades de los demás.

Las escaleras, sean eléctricas o de a pie se usan con esta regla: si subes con tiempo te colocas a la izquierda. Los que llevan prisa avanzan por la derecha. Hay barandas que separan por donde se sube y se baja. Así la gente no se mezcla ni empuja para transitar.

Al momento de esperar en la plataforma, se hace cola y cuando se abren las puertas, todos esperan ordenadamente a que primero salgan del vagón y recién entonces se ingresa. El chiste está en que luego de haber esperado de manera muy civilizada, una vez adentro es válido competir por los asientos. Claro que existen los reservados pero los que quedan libres se ocupan rápidamente y es una pequeña carrera de quien pone las cuatro letras primero. También llama la atención que ceder el asiento no es exactamente la regla. Las mujeres gestantes llevan unos pines rosados colgados y en ese caso si se tiene la obligación moral de darle el lugar.



En otras situaciones, es común ver a adultos mayores parados y jóvenes sentados. Nadie se incomoda por eso. Claro que yo voy pensando que deberían al menos preguntar si desean sentarse pero me indicaron que al contrario que en nuestro país, acá eso podría ser descortés porque en pocas palabras le estás diciendo que luce cansado o que está viejo.




 
Hay algo que me enternece y a la vez sorprende. La línea amarilla. Es una franja en el piso que recorre las calles, estaciones y vías. Tiene relieves, puntos y líneas en tres diseños. Es la señalización para invidentes.

Todos los pueblos la tienen, recorre todo de cabo a rabo. ¿No les parece la manera más respetuosa de incluir a las personas que tienen habilidades diferentes?



Cada cosa está pensada de manera que se considera al otro y se piensa en las posibles formas de acoger y brindar servicio de calidad.

Varias veces escuché que orientarse en las estaciones y entender el sistema vial de Japón era una pesadilla. La verdad, estando aquí puedo dar fe que es todo lo contrario.
El detalle está en nuestro concepto (pre concepto) de orden. Una vez más el cerebro quiere que las cosas se ajusten a nuestro sistema.









Observando el modo en el que todo está organizado y cómo lo informan, no puedo más que concluir que este fue pensado meticulosamente para que niños desde los 6 años pudieran entenderlo y viajar solos sin perderse en las numerosas conexiones, salidas, entradas y rutas del tren. Nuestro cerebrito requiere aprender el nuevo orden. Eso es todo.






La población del área metropolitana de Tokyo al 2017, la cual se extiende sobre tres prefecturas está estimada en 38’241,000 de habitantes.  Más que toda la población peruana viviendo en un área considerablemente más pequeña y si contamos a los visitantes, pues el número de seres que usan los transportes por día es INCREÍBLE.

Mis respetos a quien diseñó la red y a quienes trabajan en ella. Es de admirarse la puntualidad, la limpieza, la buena infraestructura, permanentemente mejorada, la señalización, la seguridad y cada detalle que hacen que viajar en tren sea una delicia. Si hasta tonadillas grabadas tienen para indicar que las puertas se van a cerrar o antes de indicarte la siguiente estación.

Detalle a mencionar que probablemente llama la atención sobre el orden diferente pero que es necesario para convivir en armonía: dentro del servicio de transportes está prohibido hablar por teléfono. Puedes escuchar con audífonos, leer, chatear, etc. 

Tampoco se concibe que el conductor ponga su música preferida. 
¡Imposible!

Y antes que se empiece con la muletilla de "quiero que respeten mis derechos" explico las razones:

Se requiere estar atento a cada indicación en las pantallas, además, el conductor tiene un micrófono y adicionalmente a lo que ya está grabado, él o ella van dando información a través de los parlantes. Así sabes que estación sigue, qué conexiones puedes hacer, te indican si hay un servicio que se va a retrasar o si tu tren tiene que hacer una parada, de qué lado del vagón se abrirán las puertas, etc.

Imaginen que hubiera música o radio prendida, o lo peor, alguien hablando con su vocesota y riéndo a carcajadas. Haría muy difícil que se escuchen las indicaciones. 

¿Me siguen ahora cuando hablo de orden y desorden? Es cultural y aprendido. Todo tiene una razón y un por qué.

Hay muchas cosas sorprendentes para mi sistema de organización en este lugar. Puedo seguir escribiendo sobre más detalles de esta cultura pero creo que lo dejamos para otro día.

Quiero terminar haciendo las preguntas de rigor, ¿Por qué hay pueblos que se organizan de manera tan peculiar? ¿Por qué otros no? ¿En qué medida podemos asumir que el orden es un tema cognitivo, mental y no solamente social o psicológico? ¿Será que tienen genes diferentes o una inteligencia para el orden más desarrollada? ¿Podríamos lograrlo en Perú? ¿Qué tenemos cómo fortaleza y qué nos falta? ¿Tendríamos que cambiar la manera en la que nos organizamos? Si es así ¿Para qué? ¿Cómo?


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