Sunday, September 17, 2017

Ir en Combi instruye.
Whaaaat???

Que sí.
                        Viajar en combi me ha dejado lecciones para la vida. Puede que otros piensen diferente, pero es mi opinión luego de años usando el servicio en mi querido Huaraz.

Una combi es ese vehículo que en otros lugares le dicen minivan. Tiene puertas corredizas a ambos lados y en promedio 12 asientos, contando los dos de adelante.

En Perú, la mala fama de este medio de transporte le ha llevado a ser bautizada como “asesina” y es que la cantidad de accidentes en los que las combis han sido responsables, es estratosférica.

Yo solía tomar combi cuando vivía en la sierra. Para ir al trabajo, al mercado, al colegio de mis hijos y a visitar el Callejón de Huaylas.

En todos esos viajes me detenía a observar y aprender. He visto que las personas que viajan en combi se sienten todas como hermanadas por su realidad. Es frecuente verlas gastarse bromas con el cobrador o el chofer. Sube alguien con muchos bultos y niños y todos se arriman, o como dice el ayudante “apéguense” y no falta alguien que añade “en el camino se arregla la carga” para que entre risas, reclamos y murmullos todos nos volvemos a acomodar y listo. Donde entran 12, entran 30.

Recuerdo haber escuchado más de una vez algo que me parece una manera sarcástica y divertida de pinchar el globo de algún pasajero o usuaria que se alucina pudiente y expresa su descontento porque sigue subiendo gente y ya no queda espacio ni para un alfiler. Ante el reclamo airado, el chofer levanta la voz y dice
“ya, ya no se diga más …
                        Oe, haz pasar al segundo piso pe”

Es una manera rápida y cruel de decirle a los pasajeros que se ubiquen, que este sistema es así. Se gana de la cantidad. Cuantos más entren, más dinero se lleva a casa. Además, más te quejas, más nos demoramos y por lo tanto todos pierden.
También sirve para recordarnos que si nuestra situación económica fuera diferente, estaríamos en un taxi o manejando nuestro propio auto. Por lo tanto, a mal tiempo, buena cara. “dónde entran 12 pueden entrar 30”

En la combi he escuchado recetas de comida, de medicina tradicional así como de pócimas raras para sacar maleficios y limpias.
También he recibido consejos de economía, religión y gestión del hogar.
Ni que decir de ponerme al día sobre política o las últimas noticias de la farándula.
Si me pongo a pensar, la combi era antes lo que ahora el Facebook. Si no tenías tiempo de chequear los medios de comunicación oficiales, pues en el viaje al trabajo te resumían lo ocurrido en el barrio, el distrito, la ciudad, el país, el planeta y en la telenovela de moda.

Pero lo que más he aprendido viajando en combi es que somos un pueblo que pese a todo busca siempre hacer las cosas sonriendo. Tenemos un sentido del humor extraño, pero nos ayuda a sobrellevar el peso. Gente que no tiene reparos en contarte en 20 minutos la aventura de su vida o compartirte algún aprendizaje que a ellos les tomó años, es algo para detenerse a meditar.

Dicen que somos una cultura conformista y corrupta. No voy a decir lo contrario, pero si diré que somos capaces de ayudar a otro a cargar a sus niños, estamos dispuestos a ceder un espacio para que los demás se acomoden, a reír en medio de las carencias, a cantar estrepitosamente cuando a veces tenemos mucho porque llorar. Si podemos hacer que dónde entran 12 terminen entrando 30 y así llegar todos a destino, entonces, quizás podemos hacer más.

Puede que lo único que necesitemos, es creer más en nosotros mismos y menos en lo que otros dicen de nosotros.


Foto tomada de la página de ancashnoticias.com

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